La historia de mis embustes
No soy una persona que mienta asiduamente, me considero sincera pero ¿quién no miente alguna vez?. Mis mentiras son parte de la diplomacia con la que he nacido, si no hay mucha confianza me ahorro una crítica, me ahorro una queja, vamos, que mentir mentimos todos y el que me diga que no ya está empezando.
Desde pequeña asumí la mentira como una manera de juego, ¿quién no ha mentido alguna vez con su mejor amiga, diciendo que eran hermanas a otros niños que no volverían a ver jamás?. Puede que sea algo heredado, recuerdo de pequeña que mi madre mi tia y mi abuela contestaron una encuesta con datos falsos solo para divertirse, (aunque bueno, no se puede considerar embuste, pues el chico al escribir que mi madre era cantante de country, mi tía bailarina exótica y mi abuela ingeniera informática habrá sabido que era broma... supongo).
Bueno, tampoco intento justificarme, las veces que la he utilizado con fines "interesados" se han quedado grabadas en mí, con lo que creo demostrar que no soy tan mala persona y que tengo remordimientos. Últimamente he tenido una ola de mala suerte y he pensado que, ¿porqué no confesarme?, a lo mejor tal y como pasa en "Me llamo Earl" me libero y la buena suerte vuelve a mí. En el Top3 están:
1) Recuerdo que la primera vez que me llevaron a un parque acuático una niña inglesa empezó a hablarme... yo solo asentía y sonreía, quería que pensara que hablaba su idioma. Cuando la niña me fue a presentar a su hermana mayor solo decían cosas y reían mientras yo asentía. Hoy con un poco de raciocinio supongo que me estarían llamando subnormal, o algo parecido, pero yo me fui contenta pensando que las había engañado, eso sí, evitándolas el resto del día.
2) Una vez tuve que hacer una graaaaaaaaan caminata (y si, enfatizo el graaaan), por el centro de la ciudad. No contenta con ésta gran caminata me esforcé hasta llegar a la estación de guaguas para poder conseguir sitio porque los pies me mataban y no me veía con fuerzas de aguantar de pie. No caí en que la media de edad de mi barrio es 60 años. Me pareció injusto, siempre cedo el asiento, SIEMPRE, pero ese día realmente me parecía injusto.... así que sí. Estire la pierna para dar a entender que estaba coja. Y si, el destino se encargó de castigarme en ese momento, una vecina se bajo conmigo y tuve que cojear hasta mi casa.
3) Hoy mentí a un policía haciéndome pasar por maestra, y me explico; tengo un viaje dentro de tres días y había perdido mi DNI. En comisaría me dijeron que al ser de los antiguos no precisaba denuncia, así que confiada me hice la gran cola. El policía tras sermonearme se disponía a decir "vuelve mañana"... justo en ese segundo un niño malcriado comenzó a gritar a su madre y fue mi oportunidad.
(Policía)_ Desde luego.. cada día están más malcriados...
(Mentirosa compulsiva)_ Si la verdad, totalmente de acuerdo, cada día llegan más malcriados, yo es que trabajo de maestra.. y usted no se imagina que es eso....
(Policía)_ ¿maestra?... ay! pobrecita, mira si yo te contara... yo no estoy a favor de la violencia pero una buena trompada a tiempo hace milagros...
(Mentirosa compulsiva traicionando sus ideales educativos)_ eeeem, si si, totalmente de acuerdo, si si...
Bueno el caso.... es que acabó por hacerme el DNI ahí mismo.
(MCD)
Había llegado al punto en el que la soledad empieza a afectar a tu salud mental, la imposibilidad de no sentir nada, de haber pasado mucho tiempo desde que notó por última vez su corazón inflado de felicidad, de no dar a basto con dos ventrículos para tanto sentimiento.
Comenzó por llorar a todas horas, siguió por abandonarse a sí misma, y terminó por aislarse completamente.
De pronto un día le dianosticaron una cardiopatía dilatada. Así fue como,de una manera u otra, volvió a sentir el corazón inflado.
Redes sociales y esclavismo.
creo que estoy enferma.
Leer entrada completaCerrar entrada
Pandemia
Y de repente salió en las noticias, anunciaron la pandemia. Se estaba propagando sin control, la gente estaba infectándose de la nada.
Vaciarse de la nada no es fácil, es un residuo casi indeleble, viscoso e invisible que se pega dentro de ti, que se regenera cuando lo apartas con la mano, por eso no valía eliminar la nada sin más.
La nada tiene varios síntomas, te sientes llena, saciada, cuando realmente no tienes nada. Lo peculiar de ésta pandemia es que no elimina el sentimiento de soledad, por lo que puedes sentirte completamente sola, y a su vez saciada de gente.
Es algo que a priori no saben cómo curar, recomiendan precaución en la introspección, porque de nada valen los historiales de daños y prejuicios, la nada te llega y poco puedes hacer.
Aún se calculan los afectados, no se sabe si ha provocado algún muerto, pues es la enfermedad más cobarde que existe, imposible demostrar que ha sido ella.
Se ruega que haya calma, no afecta a todo el mundo, sino a un tipo de sangre no inmune a la nostalgia enfermiza, si tiene alguno de éstos síntomas rogamos remitirse al hospital más cercano.
Cuidado con lo que hablas... obsesiva y dramática.
Debería andar por el mundo con un cartelito que pusiera "cuidado con lo que hablas.... me obsesiono".
Me encantan las buenas conversaciones, pero éstas a veces provocan en mí un estado tal de euforía, o de introspección que me inhabilitan para dormir.
Que se que nadie tiene culpa de que yo tenga esa obsesión por alcanzar el conocimiento absoluto, de que nadie sabe que una duda me puede hacer levantarme a las 4 de la mañana para abrir google y volver a acostarme, que nadie tiene porque pensar que una pregunta tan simple puede llevarme a horas nocturnas de obsesiva meditación... que ya lo se.
Pero es algo que no puedo evitar, es como el ser morena, ser bajita, por mucho que me concentre es algo que no puedo cambiar, y hasta ahora no he oido hablar de tintes para el alma.
Así que mi conclusión a esa estúpida charla casual, y por si ese alguien entra y lee esto (cosa que dudo), te lo resumiría así: Un pensamiento y poco, enamorada de lo que no es importante y unas pocas ganas de todo.
Seguramente mañana...
Seguramente mañana me levante demasiado temprano, bajaré las escaleras y mi perro me recibirá con una fiesta durante 3 segundos, tras los cuales irá derechito a su cama,(y yo creo que lo hace adrede, solo para joder).
Seguramente me invente que no me da tiempo sólo para que mi madre me acerque a la parada del tranvía, porque me pesa el culo y a ella le pilla de camino, vale?
Seguramente suba sin desayunar, y me tome un leche y leche que sabe a zotal de la cafetería de mi facultad. Seguramente me olvidaré de que no tengo habilidades y esperaré en la puerta un buen rato, justo hasta darme cuenta de que ese tiempo que he invertido en esperar es proporcional al que debo estar llegando tarde a algun trabajo en grupo.
Seguramente hare cuentas en la cola de reprografía y calcule que debo haberle pagado la hipoteca en lo que llevamos de curso.
Seguramente salga de la facultad por la tarde, y que al bajar de la guagua a Alira y a mí nos de un gran ataque de risa debido al cansancio.
Seguramente me echaré una siesta milenaria, eso después de haber sacado al perro y haberme topado con Toby, el puto perro asesino al que su dueño le da pena amarrar. Seguramente mi perro vuelva temblando a casa.
Seguramente cenaré pollo en casa de mi abuela como todos los viernes, y seguramente cuando llegué miraré el tuenti, responderé los privados de Bárbara diciéndole que no voy al tea, y acabe la noche intentando terminar de memorizar una canción que estoy aprendiendo con la guitarra pero que es muy complicada (me cago en Luis Ramiro).
Resumiendo... seguramente mañana sea un buen día.
El "cagadero" de mi facultad.

Tras varios intentos, me dispongo a crear éste artículo de nuevo:
Hay que ver la de eufemismos que rodean al noble arte de “cagar”, y digo cagar a riesgo de parecer una ordinaria, simplemente porque soy una fiel creyente de la economía del lenguaje, y los mil y un eufemismos que se han rodeado en torno a éste término me parecer ridículos.
“Dar del cuerpo”, “hacer de vientre”, “visitar a roca”… a cada cual más estúpido. Con lo rápido y claro que quedaría decir “voy a cagar” (si entre mis costumbres se encontrara explicitar lo que hago cuando voy al baño).
El otro día comentaba un profesor una peli del magnífico señor Buñuel. Al parecer la peli trataba sobre cómo sería el mundo al revés, y entre sus escenas se encontraba el cambió en el tabú, si lo que realmente diera vergüenza a las personas sería comer, y “dar del cuerpo”, lo hiciéramos juntos, mirándonos, mientras charláramos tranquilamente, y para comer la gente se encerrara en cubículos ¡y sin hacer ruidito! Je je.
En mi facultad a uno de los baños lo llamamos especialmente “el cagadero”, y es que está estratégicamente colocado al final de un pasillo dónde prácticamente no tiene que pasar nadie más que dos o tres funcionarios desgraciados que tienen que degustar sus olores cada día. Yo ni sabía de su existencia hasta que por reformas cerraron el resto de baños de la primera planta, y recuerdo que la primera vez que entré pensé “uy!, alguien acaba de quedar aliviado!”. Con el tiempo comprobé que ere olor perduraba, aun yendo a primera hora de la mañana, acabante de abrir la facultad, así que supuse que con el tiempo las paredes habían aspirado dicho aroma y lo habían convertido en parte de él. Ahora, si alguien te ve salir de él, aunque sólo hayas ido a lavarte las manos, todo el mundo pensará “ésta acaba de cagar”. He visto estrategias de todo tipo, salir con cara de “ufff, Qué horror!”, hasta comentarlo a alguien, pero nada… no hay solución, acabas de salir del cagadero, y todo el mundo pensará que sólo tiene una explicación.
PUM! mira lo que encontré

Rebuscando en ésta chatarra encontré una aspiración literaria de hace tiempo... y por publicar algo, la cuelgo:
Aún no me acostumbro a los encuentros fortuitos, en los que parece que el corazón se me sale si te veo.
No me acostumbro a saber que tus lunas las calienta otro, y yo no soy más que un recuerdo.
A veces te juro que me das asco, me revuelve pensar que te he besado, y a veces te juro que me revuelve el saber que ya no lo hago.
Me he vuelto un estereotipo, escuchando música de abandonados, y abandonándome a mí misma con alcohol para olvidarme un rato de esa sensación extraña de querer hacerte daño, como si lo vieras, o como si te importara.
Y de repente te veo, y me jodes, y me jode, y mejor es no decir nada, dar la vuelta y marcharme, porque los estereotipos no hablan y si acaso lo escriben es más de lo mismo, más basura que no dice nada.
Efecto mariposa
Para resumir una historia larga no hay como los efectos mariposa:
Pido una beca Séneca a Madrid
Me la conceden
Para poder ir, necesito también la beca Mec
Para eso necesito aprobarlas prácticamente todas
Estoy muerta de cansancio
No rindo en clase
Me puedo quedar sin beca
Me puedo quedar sin madrid
Por eso busco trabajo como loca
Pero estamos en crisis
Por eso tengo que estudiar
... ¿clarito verdad?, si es que, para qué alargar lo que sólo se explica...
San Borondón somos nosotros.

Si no eres de Canarias, te preguntarás qué es San Borondón. Si lo sabes, pues perfecto, pero si no te resumo que es una antigua leyenda sobre una isla que emergía del mar y volvía a esconderse entre Tenerife y Gran Canaria. Dos islas que todo el mundo cree enfrentadas (algo que me enferma, pero que no voy a entrar a comentar ahora). Más que leyenda, en algo creo que es verdad, porque a Tenerife y a Gran Canaria nos unen muchas cosas que para muchos pueden ser bobadas , pero que para mí tiene el tamaño de una isla entera, y me explico:
Parece mentira que hayan pasado únicamente 4 años desde que viaje por primera vez a la isla de Fuerteventura. Me había metido en una asociación de jóvenes estudiantes canarios que se reunían cada año en vacaciones y visitaban una de las islas. Yo nunca había ido a ninguna de esas “escuelas de verano”, pero era la 3º edición y al parecer la más importante.
A esa asociación no sé bien cómo llegué, si bien es cierto que siempre he tenido inquietudes asociativas, fue más un conjunto de casualidades a las que ahora doy gracias. Por lo menos en mi isla, esa asociación era una especie de lobby gay adolescente, en las que jugábamos a planear grandes viajes y soñábamos con que nuestra voz se oía más de lo que realmente era.
Pero fue allí en Fuerteventura cuando le conocí. Recuerdo exactamente el momento en el que me dijeron “Mira, éste es Edu, de Gran Canaria”. Recuerdo que en ese momento nos dimos dos besos y poco más, porque todos acabábamos de llegar, acababa de empezar un concierto y había demasiado que inspeccionar como para centrarte sólo en una persona. Del resto de días recuerdo que no habíamos hablado mucho, pero tenías un aura agradable, así que me caías bien por lo que me contaban mis amigos (los cuales me llevaban un año de ventaja en tu vida).
Recuerdo que te tocó presentar la gala (una de las actividades), y simplemente no podía dejar de reír. Tenías ese humor, chispa… no sé cómo llamarlo, pero sólo sé que desde ese momento me pareció que tenía tu sello, y que aquel que se parezca trata de imitarte sin conseguirlo. Desde ese momento, esos días, estuve muy pendiente de qué hacías, y solo podía decir “este chico me encanta”. Para mi sorpresa, cuando cogí confianza con el lugar y la gente, y empecé a hacer de las mías, te fijaste en mi. Te sentaste a oír “mi programa de radio” y me dijiste “Virginia, me encantas”. Yo creo que ahí empezó todo, aunque la confianza fuera viniendo poco a poco y dosificada en las visitas de una isla a otra, para mí fue ahí cuando además, sellamos la futura amistad con un apellido, “Los Snow” (y nosotros sabemos por qué).
De nuestros encuentros, no puedo hacer un resumen, porque si nombro una cosa las debería nombrar todas, porque todo contigo ha sido simplemente genial, desde los pareos en sitios de etiqueta hasta las MILES de cosas que me has hecho pensar. Eres de esas personas que no pasan sensiblemente por la vida de alguien, me parecería imposible que no te entierres en la gente con dos palabras como hiciste conmigo. Sé que con el tiempo no sólo me he sentido realmente a gusto riéndome con alguien, sino que además he descubierto a una de las personas más increíbles, con las que más me gusta hablar, con las que más comprendida me siento.
A veces me pongo a pensar que el haber nacido en islas diferentes, el estar por una causa o por otra tan lejos, a lo mejor nos ha venido muy bien. Básicamente porque cuando nos vemos, intento aprovechar cada segundo, y ¡vaya que si los disfruto!
No hablamos todos los días, pero nunca hemos dejado de saber del otro. Y cuando hablamos es para decir la palabra necesaria, lo que sabemos, pero que sólo nosotros nos lo recordamos. Lo que consigues lo siento como pequeños triunfos míos y cuando soy yo la que consigue algo no puedo evitar pensar “¡ay, cuando se lo diga a Edu!”.
Nuestra amistad es especial por millones de cosas, pero además tiene un plus añadido, y es que siempre me he sentido una excepción cuando alguien saca el tema del “odio” entre Tenerife y Gran Canaria siempre se me ha llenado la boca al decir con orgullo “pues uno de mis mejores amigos es de Gran Canaria”. Por eso siempre he dicho que de haber un San Borondón seríamos nosotros, ¡qué sino!
Tanta parrafada para simplemente resumirlo en que te quiero, en que ojalá todo salga bien, juntos o separados pero siempre conectados, porque sabemos ingeniarnoslas para no perdernos la pista, ¿o te crees que soy tan boba de dejarte escapar?

